Claves para iluminar tu cocina ¡como siempre has querido!

La iluminación de tu cocina es fundamental para lograr un espacio funcional y con estilo. Si no sabés en qué poner ojo a la hora de elegir la iluminación, te dejamos algunas claves para salir de la oscuridad.

Planificá tu iluminación
Antes de decidir, tenés que tener muy claro cuáles son las actividades que más realizás en la cocina y cuáles son tus necesidades. ¿Cocinás y además comés ahí? ¿Sólo pasás un rato tomando café? ¿Tus hijos te acompañan haciendo las tareas mientras preparás el almuerzo? Cada actividad requerirá de un tipo de iluminación diferente y no te preocupes si el espacio es grande o pequeño, por lo general siempre necesitarás de una luz general y de otros puntos de luz más específicos. Aquí los veremos con detalle.

Luz general
Para iluminar tu cocina es necesario que comiences por la luz general, aquella que va en el techo y que brindará luz a todo el espacio de manera uniforme.
• Hace algunos años los plafones eran los favoritos, sin embargo, hoy la invitación es a jugar con los diseños y tipos de lámparas de techo para lograr espacios con personalidad.
• Otra buena idea es recurrir a los focos empotrados, que podrás distribuir a lo largo y ancho de tu cocina, sobre todo si es grande y no te alcanza con una sola lámpara. Si optás por esta opción, asegurate que estén separados por un metro de distancia y que tengan un ángulo mínimo de 60º para que la luz se expanda correctamente.

Áreas de trabajo
Es sumamente importante que la zona donde manipulás los alimentos esté bien iluminada, sobre todo para que no debas forzar la vista (si estás mirando un libro de recetas, por ejemplo) o sufras algún accidente cortando las verduras. Una buena idea es poner focos bajo los muebles que te proporcionarán de luz más directa y específica. Otra alternativa son los focos en las paredes para conseguir una iluminación lateral. No es necesario que hagas instalaciones complicadas o que tengas que hacer un agujero en la pared. Existen alternativas led, con baterías, que podés pegar con adhesivo y que se prenden al tocarlas, u opciones más tech que podrás controlar desde tu celular.

Dentro de tus muebles
¿Iluminar los muebles y cajones? ¡Claro que sí! Poner luces dentro de los armarios te ayudará a encontrar los ingredientes, artefactos y utensilios de manera más fácil. Podés usar focos que tienen sensor de movimiento, que se encienden y apagan automáticamente cada vez que abrís una puerta. Eso no sólo será muy útil, sino también le dará mucho estilo y elegancia a tu cocina.

Creá ambiente
Al iluminar tu cocina también podés crear ambientes relajados y acogedores, sobre todo cuando necesites un descanso para tomar un rico té escuchando tu canción favorita. Para conseguirlo, podés recurrir a las tiras led y colocarlas cerca del suelo, en los zócalos, o en la parte superior de algún mueble. Las guirnaldas de luces también son una decorativa opción; podés ponerlas sobre tus repisas o en el marco de la ventana.

Comedor diario
Si tu cocina tiene espacio suficiente para un comedor, entonces preocúpate de iluminarlo correctamente. De seguro ahí realizarán muchas actividades, no sólo comer. La mejor alternativa será una lámpara colgante, con una lamparita de intensidad media para que no brille demasiado. Sobre el tipo de pantalla, animate a jugar con las formas y colores, la cocina es un espacio familiar y divertido al que podés sacarle provecho en términos de estilo y decoración. Eso sí, elegí que sea un material que puedas limpiar fácilmente, como el metal o vidrio.

Preferí opciones led o bajo consumo
Así no solo estarás ayudando al planeta, sino también a tu bolsillo. ¡La vida útil de estas lamparitas es muy larga!
Hoy existen opciones para todos los gustos en términos de intensidad y temperatura, así que no hay excusas.

Temperatura de la luz
Por último, a la hora de iluminar tu cocina, fíjate en la temperatura de la luz.
• Para la lámpara de luz general, te recomendamos una luz neutra, de unos 4.000ºK ,
• Para las luces más específicas o ambientales, lo ideal será una temperatura más cálida, de hasta 2.700 °K.
De esta manera conseguirás un espacio funcional, acogedor y equilibrado.

 

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